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isabel agüera
amaneceres
QUERÍA DECIRTE

¡Años, ya, años! En una incesante caída de días en este almanaque de olvidos, recipiente, no obstante, donde mis rosas siguen frescas, alimentadas por mieles de amor y esperanza.

Días, hojas que el viento, arranca, pisotea y se empeña en arrojar sin piedad a este río imparable en crecidas que es mi alma.

Pero esta noche, ¡qué noche! ¡Qué bello sueño en mis pupilas dormidas que, seductoras, sostenían en vilo tu mirada, fragor de mares huracanados, mientras mis manos pequeñitas acariciaban las tuyas prisioneras de tantas promesas rotas!

Sigilosamente, iba a ti; ¡para estar contigo! Sí, quería que siguiéramos juntos, huellas de agua y cielo en la paz silenciosa del universo, trono de música, rumor de nubes, delirante torbellino de solemnes campanas.

Quería decirte las palabras más profundas, sinceras, las más tiernas y amorosas. Quería decirte que sigue vivo tu rostro en aquellas fotografías casi robadas en un instante que se me caen de las manos, hoy.

Y quería decirte que guardo tus palabras sostenidas en el centro de un calmado lago de silencios, hoy.

Y quería decirte que los recuerdos se me hacen tan vivos, tan cálidos que me arropo en ellos y se tornan música nostálgica, hoy.

Pero, ¿y tu voz? Quería decirte que en mi pueblo hay una sonora fuente, cuya voz jamás deja de cantar el rumor vivo de las entrañas de la tierra, y hay campanas cuya voz doblan a muerte o repican a fiesta. Y hay lluvia en los otoños, voz que torna y hace florecer acequias, y correr ríos.

¡Cuántas voces, amor, siguen vivas en mí! Pero, ¿y la tuya? Quería decirte que la estoy perdiendo, casi la he perdido, casi se me ha muerto en el silencio oscuro de mi mente. Quería decirte… No, no dije nada, porque de pronto, la carroza blanca de mis sueños, me condujo al amanecer de un nuevo día.
Día muy frío de enero. Noche todavía. Música y lágrimas sobre mi almohada.


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